



Homero escribió las más bellas octavas jamás dedicadas a la Diosa del amor que algunos años mas tarde habrían de inspirar a Sandro
Boticelli su famoso cuadro “ el nacimiento de Venus “.
En el poema mítico, el semen de Urano cae al mar y la brisa tenue, unida a las fértiles olas da a luz a Afrodita.
Mi mirada a la Mediterránea, es un retorno sensible a un tiempo de plenitud, en el que el gran manto azul del mar se unía a la historia de la humanidad.
Historias épicas, rutas de conquistas y derrotas.
La mar, bálsamo para el espíritu, inspiradora y hermosa, como la diosa que nace de sus entrañas, transportada en una concha por los vientos y las olas hasta la isla de Chipre.
Nuestra mar, fuente de vida, no es inagotable. La costa Mediterránea es una de las más explotadas, el negocio no es compatible con el respeto a un entorno natural, importantísimo para nuestra calidad de vida y, el excesivo y masivo expolio de su fauna marina, condena a una muerte segura a nuestro mar Mediterráneo.
Todas las conchas de todas las voces, todas las caracolas, y piedras del recuerdo de un tiempo remoto, claman para que tomemos conciencia de nosotros mismos, de que somos hijos de la tierra y, no dueños de ella. Que debemos mantener una moral y una ética para preservar nuestro habitad natural. La importancia de una buena relación, un equilibrio y, un respeto entre la mar y la barca, la tierra y la casa, el cielo y el árbol, un equilibrio necesario para el progreso y el goce de existir.
En la sombra del barco
Contemplaba su rico atavió
azul, verde mate y terciopelo negro:
flotaba airoso y libre. Cada estela
era una llamarada de fuego como el oro.
¡Oh, venturosos seres ¡ cuya belleza
No hay lengua que acierte a describir.
Brotó de mi corazón un torrente de amor
Y sin más a todos bendije.
De “ La oda del viejo marinero”
Samuel Taylor Coleridge
Boticelli su famoso cuadro “ el nacimiento de Venus “.
En el poema mítico, el semen de Urano cae al mar y la brisa tenue, unida a las fértiles olas da a luz a Afrodita.
Mi mirada a la Mediterránea, es un retorno sensible a un tiempo de plenitud, en el que el gran manto azul del mar se unía a la historia de la humanidad.
Historias épicas, rutas de conquistas y derrotas.
La mar, bálsamo para el espíritu, inspiradora y hermosa, como la diosa que nace de sus entrañas, transportada en una concha por los vientos y las olas hasta la isla de Chipre.
Nuestra mar, fuente de vida, no es inagotable. La costa Mediterránea es una de las más explotadas, el negocio no es compatible con el respeto a un entorno natural, importantísimo para nuestra calidad de vida y, el excesivo y masivo expolio de su fauna marina, condena a una muerte segura a nuestro mar Mediterráneo.
Todas las conchas de todas las voces, todas las caracolas, y piedras del recuerdo de un tiempo remoto, claman para que tomemos conciencia de nosotros mismos, de que somos hijos de la tierra y, no dueños de ella. Que debemos mantener una moral y una ética para preservar nuestro habitad natural. La importancia de una buena relación, un equilibrio y, un respeto entre la mar y la barca, la tierra y la casa, el cielo y el árbol, un equilibrio necesario para el progreso y el goce de existir.
En la sombra del barco
Contemplaba su rico atavió
azul, verde mate y terciopelo negro:
flotaba airoso y libre. Cada estela
era una llamarada de fuego como el oro.
¡Oh, venturosos seres ¡ cuya belleza
No hay lengua que acierte a describir.
Brotó de mi corazón un torrente de amor
Y sin más a todos bendije.
De “ La oda del viejo marinero”
Samuel Taylor Coleridge
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